Un poco de luz sobre el federalismo asimétrico

 


Conocí a José Luis Rodríguez Zapatero cuando llegué en 1996 al Departamento de Derecho Público Básico de la Universidad de León, donde él era profesor asociado de Derecho Político y yo me incorporaba como becario predoctoral al área de Filosofía del Derecho, Moral y Política para escribir mi tesis doctoral sobre Ortega y Gasset. Apenas cruzamos algunas palabras en varios consejos de Departamento en los que coincidimos. Aún no era secretario general del PSOE. Cuando su nombre empezó a sonar para ese cargo, me informé entre sus compañeros y alumnos y exalumnos para saber qué opinión tenían de él. En 2002, ya estando Zapatero al frente del PSOE, y ante lo que a mí me parecieron desconcertantes ideas programáticas, publiqué en ojosdepapel.com en marzo de 2002 el siguiente artículo que ahora no encuentro en la red, por lo que lo sumo al Pensatorio.


Un poco de luz

Sobre el federalismo asimétrico

 

Parece que el PSOE ha aceptado ¿definitivamente? el modelo de Estado mentefacturado para España por Pascual Maragall, que éste llama federalismo asimétrico. Es posible que el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, aunque ha sido profesor de Derecho Político, no sepa bien qué significa en su fondo último esta expresión. Ya le colaron hace tiempo otra con lo del “socialismo libertario”, que sonaba a comuna anarquista en el Aragón de la Guerra Civil, cuyo encanto romántico y tristemente trágico no creo que quiera transplantar Rodríguez Zapatero a la España de hoy. Si tan valorado personaje por la opinión pública acepta consejos, me permito decirle que hay que cambiar de asesores o echar horas de estudio para contrarrestar despropósitos.


¿Es España un Estado federal? Evidentemente y actualmente, no. Eso no quiere decir que no pueda llegar a serlo. Pero veamos. Un Estado federal es aquel que se constituye por la unión de distintos Estados soberanos, es decir, independientes en el momento de unirse en Federación. Esa unión no se produce sobre temas concretísimos (política exterior, ejército común, vías de comunicación interestatales, etc.), lo que sería una confederación, sino de una forma genérica -aunque se fijen algunas competencias concretas-, especificando cuál es el ámbito competencial de la Federación y cuál el de los Estados soberanos ahora federados, y estableciendo mecanismos para que en el futuro la Federación y los Estados puedan actuar con cierto grado de independencia en sus respectivos entornos sin entrar en colisión. El modelo de distribución de competencias puede ser muy diverso y admitir modificaciones a lo largo del tiempo, previstas en el propio pacto federal. Las competencias no pactadas quedan habitualmente en manos de los Estados federados mientras no se renueve el pacto federal en sentido contrario.

Que un Estado sea federal nada dice, en principio, sobre el grado de descentralización, pues un Estado federal puede estar mucho más centralizado que otro que no lo sea. Depende de qué número de competencias se hayan desprendido los Estados unidos en Federación y cuántas hayan retenido para sí, y sobre todo de cómo se lleve a cabo la gestión y ejecución de las mismas. Los politólogos no han contribuido nada en los últimos años a aclarar la terminología e insistentemente equiparan federación con alto grado de descentralización. Pienso que Rodríguez Zapatero ha sido víctima ingenua de esta falacia. Maragall, por contra, es muy posible que sepa claramente qué implica transformar España en un Estado federal.

A efectos prácticos -distribución de competencias, capacidad legislativa y ejecutiva de las Comunidades Autónomas, etc.-, el modelo autonómico diseñado en la Constitución Española de 1978 no difiere de un Estado federal. La diferencia tiene un calado mucho más profundo. Éste es dejar claro dónde radica la soberanía. Mientras que en el Estado autonómico español se considera soberano al pueblo español en su conjunto, en una España federal se debería considerar soberano a cada uno de los ¿pueblos? que constituyesen cada uno de los Estados federados. Así, si el modelo de las diecisiete autonomías se transplanta en Federación, serían soberanos los pueblos riojano, andaluz, valenciano, balear, canario, murciano, madrileño, cántabro, astur, etc., etc. ¡Ah! y también el catalán, el gallego y el vasco.

El PSOE debería aclarar si piensa que cada Comunidad Autónoma actual constituye un pueblo soberano o, por el contrario, si sólo algunos pueblos de algunas Comunidades Autónomas son soberanos o si algunos pueblos ahora divididos en distintas Comunidades Autónomas formarían un sólo núcleo soberano. Mas esto parece mucho pedir a un PSOE que al tiempo que apuesta por el federalismo asimétrico niega el derecho de autodeterminación del pueblo vasco, que no es otra cosa que permitir decidir a los vascos si se consideran una soberanía independiente respecto al pueblo español o si creen parte integrante del mismo. Si se llevara a la práctica el federalismo del PSOE no se concedería el derecho de autodeterminación sino que directamente se autodetermina en sentido soberanista y no sólo al pueblo vasco. El derecho de autodeterminación del pueblo vasco -como de cualquier otro pueblo español, suponiendo que existan distintos pueblos españoles o pueblos distintos al español dentro de España- no tiene cabida en el texto constitucional vigente, pero no sólo sería absurdo no considerarlo en una España federal sino que sería, si así lo deseara el pueblo vasco, parte fundante de la Federación.

¿Dónde nos llevaría, entonces, el federalismo del PSOE? Lo primero que habría que hacer es una deconstrucción de la España actual para que cada pueblo tomase su soberanía. Luego, cada uno de estos pueblos tendría que constituirse en Estado y, más tarde, ponerse todos de acuerdo para unirse en una Federación, a la que podríamos seguir llamando España como recuerdo de una cosa que fue por lo menos desde hace cinco siglos. Esta filosofía deconstructivista que se ventila largos siglos de historia en un periquete tiene sus riesgos y el PSOE debe ser consciente de los mismos, preverlos y adelantar soluciones. No obstante, la historia siempre avanza aunque no siempre sea por un camino que el tiempo demuestre positivo -ahí están el comunismo soviético, el nazismo, Milosevic, Franco, Calígula y unos cuantos millares más de ejemplos-. La cuestión seria es si es hora de desestabilizar el Estado constitucional creado tras el régimen de Franco, porque el federalismo del PSOE va mucho más allá de una reforma constitucional. ¿O esto no se les había ocurrido a las prodigiosas mentes federalistas del socialismo zapaterista? Entre estos riesgos están, naturalmente, que alguno de esos pueblos soberanos se constituya bajo la forma de un Estado totalitario o -es también copulativo- que alguno de los Estados constituidos decida no unirse a la Federación. Nadie podría impedírselo, pues es soberano. Se podrían utilizar razones fundadas y buenas palabras, pero contra la voluntad soberana de un pueblo soberano no caben imposiciones más allá de las previstas en el Derecho Internacional, desde las bondadosas recomendaciones de la ONU hasta el bloqueo económico internacional o la guerra.

Estaría bien que el PSOE aclarase qué entiende por soberanía o si ha dejado de creer en la soberanía popular o si entiende ésta como la suma de soberanías individuales en las que nada afecta la historia común y, por tanto, si la suma tiene límites geográficos, étnicos, folclóricos, religiosos, etc., etc. Y aunque es vieja y a uno le acusarán de carcamal, la experiencia histórica demuestra que hace un siglo y cuarto -que en historia es algo ha sido como hace diez minutos- ya vimos a dónde lleva la apertura de mano en España sobre el tema de la soberanía. ¡Viva Cartagena!

Si nada de esto piensa el PSOE, debería explicarnos cómo se hace un Estado federal sin Estados federados, es decir, soberanos y, en principio, independientes. Aunque quizá para Rodríguez Zapatero lo del federalismo sea una etiqueta más que poner a un programa variopinto e incoherente, como aquello del socialismo libertario. La política necesita del márketing, pero también de la profundidad.
En el mejor de los casos, tras esa deconstrucción y nueva construcción a que nos encamina el federalismo del PSOE, donde es posible que hasta se utilizara alguna piedra vieja, se llegaría a la formación de un Estado federal. Pero, ¿asimétrico? Si cada Estado es soberano por qué iba a aceptar quedarse con menos competencias que el vecino. La asimetría cabe mejor en el Estado autonómico, y aquí tampoco es buena porque los ciudadanos de algunas autonomías acaban sintiéndose de segundo orden respecto a los de otras. ¿Qué interés tienen Cataluña o el País Vasco en tener más competencias que otras Comunidades Autónomas? Lo importante es que defiendan aquéllas que creen que gestionarán mejor que el Estado central. Lo contrario casi parece una rabieta de niño chico por ser diferente. Uno debe diferenciarse por su hacer y no por impedir que los demás hagan. “¡Gran poquedad de almas es tener que negar al prójimo para afirmarse!”, dijo Unamuno hace un siglo. Y hay que reiterar hoy.


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